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Muere el compañero Hans Schmitz (16.05.1914 Wuppertal - 22.03.2007 Düsseldorf)

by Rudolf Mühland last modified 2007-06-18 13:38

Hans Schmitz: „No he perdido mis ideales“

Hans Schmitz ha muerto el 22 de marzo de 2007 a una avanzada edad. Con él no sólo muere un compañero que desde la infancia fue miembro del movimiento anarcosindicalista, uno de los últimos testigos y protagonistas de tiempos pasados, un activo compañero, un ejemplo, sino, por encima de todo, un amigo.

Hace algunos años conocí a Hans Scmitz en Düsseldorf, en la librería libertaria BiBaBuZe. Nosotros (la FAU de Düsseldorf) habíamos invitado al historiador Dieter Nelles para que diera una charla sobre la histórica FAUD-AIT y su lucha contra el Nacionalsocialismo. En la primera fila estaba sentado un hombre mayor que siempre interrumpía a Dieter. Algunas veces para preguntar algo, otras veces para completar información y, para sorpresa de Dieter, contaba también cosas que le eran todavía desconocidas. Desde ese día Hans no sólo participó (cuando la salud se lo permitía) en las reuniones de la FAU de Düsseldorf sino también en actos y acciones.

Pero, ¿quién era realmente Hans Schmitz?

Desde muy temprana edad estuvo activo en el movimiento anarquista y sindicalista. Primero en el grupo anarquista infantil/juvenil “Juventudes Libertarias Morgenröte“, en el SAJD (Syndikalistisch-Anarchistische Jugend Deutschlands „Juventudes Anarcosindicalistas de Alemania“, organización juvenil de la FAUD), más tarde en la FAUD (Freien Arbeiter Union
Deutschland “Unión de Trabajadores Libertarios de Alemania”) y en las Schwarzen Scharen (Hordas Negras), una militante organización anarquista anti-nazi.

La creación de todos este tipo de grupos les pareció a los jóvenes anarcosindicalistas necesaria (que en realidad tenían una orientación pacifista o, cuando menos antimilitarista) debido al creciente “terror nazi”. Se quería simplemente oponer resistencia a las tropas violentas de los nazis. Algunos miembros de las Hordas Negras fueron más tarde a España para luchar de nuevo, y esta vez con un arma en la mano, contra el fascismo. Hans permaneció sin embargo en Alemania y fue llamado a hacer el sevicio militar el mismo día de su boda[1]. Con motivo de la adopción de un uniforme por parte de las Hordas Negras hubo protestas dentro de las filas de la FAUD, sin embargo los miembros de las Hordas Negras de Wuppertal fueron frecuentemente usados como servicio de seguridad por parte de la FAUD de la región en actos y manifestaciones.

En ese tiempo llevar una camisa negra podía acarrear muchos problemas. Hans contaba como en 1931 , llevando una camisa negra fue detenido “por posesión de una peligrosa arma” porque llevaba una navaja en el bolsillo. A escasos metros desfilaban las Juventudes Hitlerianas con machetes que a la policía parecía no molestarle lo más mínimo y que además llevaban colgando de una funda de cuero.

Cuando en 1933 le fue cedido el poder al NSDAP (“Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores”) se disolvieron los grupos anarcosindicalistas, y así también la SAJD de Wuppertal, de la que Hans llevaba la tesorería. Con esto no quiere decir que se acabara con la resistencia y la oposición. Con una sonrisa de satisfacción en la cara nos contaba como el día de la toma de poder del NSDAP éste organizó una marcha de antorchas nocturna. Esta marcha desapareció literalmente en las aguas del Wupper2 capturadas por comunistas, anarquistas y sindicalistas. La marcha tuvo lugar al día siguiente. El primer día marchaban los esbirros de las SS y a ambos lados los saludaban brazo en alto numerosas personas. Hans Schmitz y una docena de jóvenes comunistas, anarquistas y sindicalistas comenzaron a empujar a la gente de uno de los lados hacia el centro del desfile. Los miembros de las SS pensaron que eran atacados por la gente que antes les aplaudía y vitoreaba y comenzaron a golpearlos con las antorchas. Esto se repitió un par de veces hasta que la gente de las SS comprendió la causa del tumulto. En este momento los militantes comprendieron que era el momento de desaparecer.

En los meses y años siguientes hubo numerosos ejemplos de acciones antifascistas: Por ejemplo, fueron pegados muchos carteles, pero tuvieron que dejar de hacerlo rápidamente. Los compañeros pegaban los carteles con una mezcla de pegamento y fragmentos de cristales para que al arrancarlos, primero, no les fuera tan fácil y segundo, para que se cortaran las manos. Las SS dejaron de despegar ellos mismos los carteles y comenzaron a llevar a presos políticos para que lo hicieran. También comenzaron a usar maletas como sellos gigantes. En la parte inferior de las maletas instalaban sellos de goma y los impreganaban de pintura. Dejaban reposar las maletas en el suelo y la pintura se fijaba en la acera. Volvían a tomar la maleta y seguían repitiendo la operación siempre que era posible sin ser descubiertos.

La función más importante que cumplían las organizaciones clandestinas de grupos anarquistas era el transporte hasta la frontera de perseguidos políticos. Hans Schmitz actuaba en este caso como correo (en bicicleta), camuflado como ciclista entrenando para alguna carrera.

En 1935 conoció durante una pelea con las Juventudes Hitlerianas a la que sería más tarde su mujer, que pertenecía a los “Piratas de Düsseldorf”, cuando Hans y sus amigos acudieron a auxiliarles. Los jóvenes que se oponía a las Juventudes Hitlerianas se organizaban frecuentemente como “Piratas Edelweiß” y llevaban camisas a cuadros y pañuelos rojos en el cuello. Normalmente los grupos tomaban sus nombres de los ríos de la región. Inmediatamente después de este incidente aparecieron también los “Piratas del Wupper”.

El 1 de abril de 1937 Hans Schmitz recibió la visita de la Gestapo en su puesto de trabajo en el transcurso de una de sus oleadas de detenciones. Fue avisado a tiempo y la Gestapo no pudo encontrar ningún indicio antifascista. Así y todo fue condenado “sólo” a dos años de prisión. Tuvo mucha más suerte que muchos de sus compañeros anarcosindicalistas que fueron condenados en los juicios masivos. Tras su puesta en libertad fue considerado como “indigno para el servicio militar”, lo cual le vino muy bien. Acto seguido volvió a la actividad en la resistencia.

Para su desgracia su incapacitación para el servicio militar no fue para siempre. Cuando se casó en 1942 el patrón de su mujer hizo que se volviera a capacitar para el servicio militar para impedir que se mudase con su marido a Wuppertal y dejase de trabajar en su fábrica de armas.

Hans Schmitz se tuvo que incorporar a filas. La oposición en el ejército era con seguridad un difícil y temerario acto pero sin embargo, en alguna discreta medida posible: Junto a la escucha de emisiones de radio del enemigo y al intento de permanecer lo más lejos posible del frente, su oposición y su supervivencia se traducieron en autolesiones y en sabotajes al armamento. Como ayudante del maestro armero prestó servicio ya al final de la guerra en una batería antiaérea (cuatro cañones) en Francia. Por cada avión derribado recibía el equipo un anillo para su cañón. Hans saboteó el cañón de manera que la batería de cañones que él tenía que mantener no consiguió derribar ningún avión.

Al final de la guerra Hans se encontraba en Holanda. Hans nos contó que las reclaciones entre los soldados rasos y el pueblo holandés no eran malas. Los holandeses les contaron a los soldados alemanes dónde escondían comida los antiguos colaboradores de los nazis. Éstos requisaron la comida y la repartieron con  los informantes.

Ya terminada la guerra Hans se afilió a la FFS-AIT (Föderation Freiheitlicher
Sozialisten, Federación de Socialistas Libertarios, fundada en 1945), la organización heredera de la FAUD. Allí tuvo la frustrante experiencia de encontrarse con que la mayoría de los compañeros había muerto y los supervivientes no quería seguir formando parte del movimiento. Muchos estaban rotos física y emocionalmente y murieron en los primeros años tras la guerra. A pesar de esto intentó continuar activo hasta que a principios de los años noventas se convirtió en “afiliado de honor” del grupo de la FAU-AIT de Düsseldorf.

Tras la guerra la falta de alimentos hizo que miles de personas murieran. Hans organizó una efectiva huelga en la empresa donde trabajaba. Se consiguió que la empresa pagara para cada trabajador un trozo de pan con mantequilla en la pausa y también que tuvieran el “derecho” a construirse una calefacción en el taller de trabajo. En las conversaciones con el jefe éste le auguró un corto futuro en la empresa si continuaba con esa línea pero Hans permaneció en la empresa hasta su jubilación.

¿Y qué significó Hans para mí?

Para mí fue más que un viejo compañero. Su forma de ser cordial y abierta, su forma de preguntar y su sonrisa irónica me cautivaron desde el primer momento. En los últimos años estuvimos haciendo los dos un tour por distintas ciudades para presentar el documetal “Lo hecho nunca es en balde. Trabajador@s en la resistencia contra el fascismo” y discutiendo después con la mayoría de los jóvenes anarquistas, sindicalistas y antifascistas. Hans hacía que, sobretodo al principio, me sintiera totalmente desbordado con la situación. Él no evitaba hablar sobre experiencias desagradables de su vida como la cárcel, la tortura y la guerra. Cuando hablaba sobre ello se le hacía un nudo en la garganta y aparecían lágrimas en sus ojos. En esos momentos yo sentía la necesidad de abrazarlo pero no me sentía con valor para hacerlo. Con el tiempo se fue haciendo para él más fácil el recordar, especialmente cuando sentía que la gente tenían interés y querían saber de él cómo pasó realmente. Escucharlo era siempre un placer. Cuando hablaba de su juventud encadenaba anécdotas. Al contrario de los otros testigos de aquel tiempo, Hans acentuaba principalmente la vida privada y diaria, tampoco evitaba contar capítulos de su vida que hoy serían interpretados como errores por oyentes de la izquierda. Él no daba una clase de historia sentando cátedra sino que narraba sobre lo vivido: el compromiso político, el amor, sobre la terrible experiencia de “sobrevivir el régimen nacionalsocialista”. Ésa supervivencia y sus experiencias eran su herida abierta, que debía cerrar, y esto lo hacía contando todo lo que había vivido. Era siempre una narración dolorosa pero también optimista ya que una vez tras otra intercalaba anécdotas sobre cómo hacían avinagrársele la cara a los esbirros de las SA, de las SS y de las Juventudes Hitlerianas.

Pero Hans no hubiera sido él mismo si sólo hubiera hablado sobre los “viejos tiempos”. Frecuentemente donó dinero de su escueta pensión para apoyar a compañer@s represaliados en huelgas o manifestaciones, o para financiar carteles y actos de todo tipo. En algunas discusiones de nuestro grupo de Düsseldorf sus experiencias nos ayudaban.

Especialmente me impresionó la colaboración de Hans en el proyecto teatral “Sehnsucht nach...” (“Deseo de ...”) del grupo de teatro M.A.S.S.A.K.A.. Él no hablaba en este caso abiertamente sobre sus deseos (de todo tipo, también sexuales) sino también seguía deseando el anarquismo.

 Aún con una muy abanzada edad iba a manifestaciones anti-nazis. No porque le gustaran, para divertirse hubiera hecho otras cosas, sino porque tenía la sensación de que seguían siendo necesarias o de que de nuevo eran muy necesarias. Hace un par de años nos acompañó a l@s compañer@s de la FAU-Düsseldorf junto con un par de anarquistas más a una manifestación anti-nazi en Wuppertal. Los nazis no desfilaban por el centro de la ciudad desde 1945. Hans quería impedirlo pero no lo pudimos conseguir (ni nosotros ni muchos otros antifascistas que allí se encontraban) por el gran despliegue policial que los acompañaba.

No podría contar todo lo que quisiera sobre él aquí. Me falta espacio. Pero no quiero dejar de mencionar el reencuentro con su amigo y compañero de juventud Helmut Kirschey. Helmut era algo mayor que Hans. Nació también en Wuppertal y ambos tuvieron experiencias y militancias similares en sus años de juventud. En 1933 sus vidas se separan y Helmut huye a Holanda y después se traslada a España para combatir en la Guerra Civil en la Columna Durruti, en la Centuria Erich Mühsam. Desde entonces no se habían vuelto a ver. Helmut presentaba su libro de memorias “A las Barricadas. Erinnerungen eines Antifaschisten” (A las Barricadas. Memorias de un antifascista) en la librería BiBaBuZe en Düsseldorf. Hacía setenta años que no se veían. Tras la charla de presentación de Helmut, comenzó el turno de preguntas y ambos comenzaron a hablar de todo lo que les había pasado en esos setenta años. Aquello se convirtió en un diálogo de dos viejos amigos con decenas de espectadores que asistían encantados y espectantes al reencuentro.

Tras la charla con Helmut Kirschey, Hans estaba exultante con unas ganas enormes de fiesta. Nos arrastró a todos hasta una fiesta antifascista que había organizada en la otra punta de la ciudad y a las 3 de la noche lo oimos pedir todavía bien alto su última cerveza de la noche mientras que toda la gente joven estaba ya recogiendo para irse a dormir.

Despedida

Las circunstancias de su muerte no fueron extraordinarias. El paso del tiempo dejó sus huellas en su cuerpo y eso lo sabía muy bien Hans. El sabía de sobra que no iba a durar eternamente. El 22 de marzo, tras varias semanas en el hospital, le llegó la muerte. Se durmió para no volver a despertar.

Marcado ante todo y sobre todo por el régimen fascista en Alemania, y sin embargo nunca perdido su optimismo vital. Cuando alguien le preguntaba por el sentido o el sinsentido de la oposición anarcosindicalista al fascismo siempre respondía lo mismo. Tras una breve referencia a las revueltas campesinas alemanas y que no se sabía lo que después iba a ocurrir siempre decía: “lo hecho nunca es en balde” (con el más puro acento de obrero de la Cuenca del Ruhr). Con esta corta frase resumía la filosofía que dirigió su vida. Para mí esa frase, junto con otros muchos recuerdos, será lo que conservaré de Hans. No sólo son recuerdos, también son fuente de energía.

Hans murió como siempre había deseado, mientras dormía. El 10 de abril de 2007 fue atendida su última voluntad, que sus cenizas fueran enterradas en una tumba anónima en el cementerio Nordfriedhof en Düsseldorf.

¡Que la tierra te sea leve, compañero!

Rudolf Mühland



[1] Hans se casó con una Edelweißpiratin („Piratas Edelweiß“, organización juvenil que realizaba oposición activa contra el Tercer Reich) a la que conoció en una pelea contra tropas de las Juventudes Hitleerianas. Ella fue obligada trabajar en una fábrica de armamento en Düsseldorf y tenía la esperanza de que gracias al matrimonio con Hans le fuera permitido mudarse a Wuppertal y no tener que trabajar nunca más en la producción de armas. Lamentablemente esto no sucedió.

2 Pequeño río en Bergischen Land que le da el nombre a la ciudad de Wuppertal.

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